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El Reto

En los últimos 50 años el planeta ha registrado un incremento de la temperatura global y está proyectado que podría  subir hasta 4 °C en los próximos 50 años bajo distintos escenarios de mitigación. Este impacto de calentamiento se denomina el Cambio Climático, el que ha sido originado por la actividad del hombre, al  generar el incremento de gases  de efecto invernadero.

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El incremento de la temperatura estaría afectando los ecosistemas marinos a nivel global, sobre todos los sistemas de afloramiento como el ecosistema de la corriente de Humboldt que se caracterizan por sus condiciones frías.

 

Por otro lado el ecosistema de la corriente de Humboldt se caracteriza por una alta variabilidad ambiental, observada a través de la temperatura del mar en periodos de cambio de corta, mediana y larga duración como los periodos decadales, siendo los periodos fríos favorables para el desarrollo de la anchoveta y pota y los periodos cálidos favorables para sardina, jurel, atún y  merluza. 

 

Estas consideraciones del cambio climático, generan una corriente de acciones  en favor del cuidado ambiental y la sostenibilidad de las pesquerías, implementando y mejorando actividades desde la sensibilización de los actores, mejora de sistemas, uso de nuevas tecnologías y el uso de energías limpias como el uso del gas.

https://www.lampadia.com/opiniones/cayetana-aljovn/las-conclusiones-de-sofia/

En el último informe SOFIA – FAO, informe sobre el estado mundial de la pesca y la acuicultura – SOFÍA 2020 (por sus siglas en inglés), la FAO destaca la productividad y sostenibilidad de la anchoveta, y recalca que las capturas de su stock compartido por Perú y Chile, impulsó el crecimiento de la pesca en 7% a nivel mundial, la FAO subraya que el ordenamiento pesquero peruano funciona y que es hora de aplicarlo de forma más amplia. En efecto, la pesca industrial de anchoveta en el Perú dejó hace más de una década la nefasta “carrera olímpica” y pasó a un esquema de cuotas individuales, donde solo se pesca el 35% de la biomasa y se deja el 65% para su adecuada renovación. En varios foros se ha sostenido que este mismo sistema debería aplicarse a otras pesquerías para asegurar su sostenibilidad.

Por otro lado, las conclusiones de SOFÍA también subrayan que el consumo per cápita de pescado a nivel mundial alcanzó un nuevo récord de 20.5 kg por año y se prevé que siga creciendo en la próxima década; destaca el crecimiento de la acuicultura, un sector de enorme potencial en el Perú; y reconoce que el número de planes de manejo para luchar contra la pesca ilegal en América Latina y el Caribe se triplicó.

En este escenario, el 2020 debe marcar un hito importante no solo para revisar los avances mundiales en la lucha contra la pesca ilegal sino para establecer estrategias efectivas que permitan eliminarla. El ecosistema marino así nos lo exige.

Las poblaciones de peces: entre la adaptación y la mitigación

El ecosistema marino de la corriente Humboldt se caracteriza por una alta variabilidad, esto a consecuencia de los cambios de temperatura, con intervalos fríos y cálidos; así como, de fenómenos típicos de este sistema tales como: El Niño, La Niña, Ondas Kelvin, Anticiclón del Pacifico Sur, oleaje, etc. 
 

Esta alta variabilidad propia del ecosistema marino provoca la migración natural de las especies que lo habitan propiciando su adaptación, situación que ocurre desde tiempos milenarios.
 

Esto se agudiza por los efectos del cambio climático que han venido y vienen generando una movilidad mayor de las especies, debido a que la variabilidad y los cambios en la temperatura del mar suceden en periodos más cortos y de manera radical en muchos casos, alterando el delicado equilibrio de uno de los ecosistemas más grandes y complejos del planeta.
 

Por esta razón, resulta de suma importancia la toma de conciencia a nivel individual y colectiva; así como la contribución y el trabajo conjunto del individuo, de la colectividad, del sector público y privado en busca de la sostenibilidad del ecosistema marino.

Si no actuamos ahora, arriesgamos la vida y el sustento de más de mil millones de personas que dependen del pescado para alimentarse, la generación de ingresos económicos y mantenimiento de sus formas de vida.

Todavía tenemos tiempo para adaptar la forma en que gestionamos nuestras pesquerías para que el cambio climático no afecte nuestro suministro sostenible de peces.

Pero debemos actuar ahora.

El cambio climático inicia una reacción en cadena

El aumento de la temperatura de los océanos causa que los peces migren a aguas más frías

Simultáneamente, la productividad pesquera sube y baja

La fluctuación de los stocks causa disputas nacionales e internacionales

El sobredimensionamiento de la flota pone en riesgo las capturas pesqueras.

El Gran Ecosistema Marino de la Corriente de Humboldt conforma uno de los ecosistemas marinos más grandes y con mayor producción pesquera a nivel global. Sin embargo, la informalidad, la pesca ilegal y el cambio climático, entre otros factores, lo están poniendo en riesgo.

 

Para conservarlo es necesario trabajar con los países de este Gran Ecosistema en el fortalecimiento, formalización y la recuperación de sus pesquerías. A través de un manejo sostenible, ecosistémico y colaborativo ante los efectos del cambio climático, que involucre los aspectos biológicos, económicos y sociales, buscando generar beneficios para el océano y quienes dependen de la pesca.

EL RETO

Mitigar los efectos del cambio climático en el Perú a través de un manejo pesquero sostenible que incluya la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, con medidas específicas de adaptación y mitigación que: (i) mejoren la ordenación de la pesca y la acuicultura y la integridad de los ecosistemas acuáticos; (ii) respondan a las oportunidades y amenazas que afectan al sector pesca generados por los efectos del cambio climático; (iii) se combata la pesca ilegal y (iV) se promueva una economía circular.

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